https://doi.org/10.5281/zenodo.22000586
Pilar Vicente Fernández | pilar.vicente@urjc.es
Universidad Rey Juan Carlos, España
La labor de revisión de un manuscrito es esencial para garantizar su calidad científica dentro del contexto de la producción académica. Quizás esta afirmación pueda parecer una obviedad, pero lo cierto es que esconde una recomendación sobre la que versa la temática de este blog. En la mayoría de las ocasiones, fruto de la vorágine y de la dinámica de los tiempos de los procesos editoriales, las revisiones de textos científicos de diversa índole se centran fundamentalmente en cuestiones relativas al contenido de la contribución. Si bien este debe constituir el núcleo del trabajo de evaluación, se sugiere abordar esta tarea desde una doble perspectiva, que consiste en realizar una exhaustiva revisión tanto a nivel de contenido como desde el punto de vista de los aspectos formales.
De este modo, se propone redondear la revisión de un manuscrito gracias a una doble revisión que plantee recomendaciones y líneas de mejora de forma global. Los motivos que sustentan este consejo son varios, pero todos ellos ponen de manifiesto la relevancia de la corrección científica en el proceso editorial ya desde la fase iniciática de evaluación. Así, y bajo la premisa de que “la forma tiene un peso significativo capaz de sostener el fondo”, esta doble revisión —que apunta sugerencias de contenido, pero también formales— contribuye a reforzar el sentido, la precisión y la legibilidad del discurso académico. Sin olvidar el hecho de que potencia la comprensión del contenido y subraya el rigor del manuscrito.
La experiencia académica constata que los autores agradecen recibir evaluaciones de trabajos de investigación que señalen recomendaciones a nivel de contenido y a nivel formal, al mismo tiempo que su aplicación ayuda en gran medida a la aceptación de los manuscritos en una segunda vuelta del proceso. De igual manera, esta doble revisión facilita el flujo del proceso de trabajo que se iniciará una vez el texto haya sido definitivamente aceptado por la publicación que lo está evaluando. Así, esta corrección preliminar en la etapa de revisión posibilitará que la función del equipo corrector que supervisará el manuscrito ya aceptado pueda focalizarse en torno a otro tipo de cuestiones y detalles formales de menor envergadura, circunstancia que agilizará los pasos de corrección y maquetación definitiva del trabajo, sin olvidar la revisión de la galerada final. Otro argumento que justifica esta doble evaluación trasciende la revisión del manuscrito de otro autor para “agudizar nuestro ojo” y acostumbrarlo a vislumbrar posibles erratas y fallos habituales que intentaremos no cometer en nuestros propios textos científicos.
Aunque en un principio pueda suponer algo más de tiempo, esta mecánica de evaluación redunda en ventajas para todos los agentes del proceso: para el revisor, por llevar a cabo una evaluación lo más completa posible; para los autores cuyo texto está siendo evaluado, ya que recibirán un informe riguroso con sugerencias de mejora, y para la publicación donde se pretende que sea aceptado, pues en caso afirmativo se simplificará el flujo editorial posterior. Para tus próximas evaluaciones… ¡anímate y apuesta por la doble revisión!
Citación recomendada: Vicente Fernández, P. (2026). 2 x 1: redondea la revisión de un manuscrito con una doble revisión. https://doi.org/10.5281/zenodo.22000586
La autora

Pilar Vicente Fernández es Profesora Ayudante Doctora en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la URJC. Acreditada por ANECA a Profesora Titular de Universidad, forma parte del Grupo de Innovación Docente consolidado NODOS y del Grupo de Investigación de alto rendimiento INECO. En el ámbito de la gestión editorial, es miembro del Equipo Editorial de la revista científica en Comunicación Aplicada index.comunicación.


