Las revistas de comunicación como laboratorios de futuro

7 de octubre de 2026 | Firmas invitadas

https://doi.org/10.5281/zenodo.22815050

José Manuel Moreno Domínguez | jmoreno7@us.es
Universidad de Sevilla, España

Hace ya más de seis años en una visita a Bruselas para trabajar temas de incidencia política en el ámbito de la cooperación internacional, mantuvimos una reunión con el Jesuit European Social Centre (JESC), un centro de pensamiento y acción social donde nos contaron que, entre otras líneas de trabajo, estaban fraguando junto con otras organizaciones de carácter europeo, una propuesta que me resultó sumamente sugerente: una campaña para demandar que las instituciones europeas incorporasen el futuro en sus estructuras, procedimientos y presupuestos de trabajo. La preocupación central para organizaciones que abordaban temas de largo recorrido como el medio ambiente, las migraciones o las políticas sociales, era evitar que la acción política quedara atrapada en el corto plazo y que las decisiones públicas se evaluaran únicamente por sus efectos inmediatos, sin considerar suficientemente sus consecuencias sobre las generaciones futuras.

Según nos contaban, existían precedentes en Francia y en otros países europeos como Malta o Finlandia que había puesto en marcha, años atrás, secretarias de estado, comités y/o consejos consultivos para tratar de incorporar una visión de largo plazo en su toma de decisiones. Esta propuesta se tradujo algunos años después en una Coalición de Organizaciones de la Sociedad Civil denominada The Future Generations Initiative. Esta idea, a pesar de estar muy ligada a cuestiones ambientales, no dejaba de mencionar otras cuestiones que son centrales en las transformaciones de las sociedades futuras como el envejecimiento demográfico, los procesos migratorios, las disputas geopolíticas, la transformación digital o la evolución de la inteligencia artificial. 

Todo esto me llevó a pensar en mi labor de profesor e investigador en comunicación, en qué medida estamos abordando estas cuestiones desde la investigación comunicativa y en qué medida las revistas están dando cuenta del papel central que van a jugar las cuestiones comunicativas, mediáticas y tecnológicas en las transformaciones sociales que se avecinan.

Investigar no sólo con mirada retrospectiva

Las revistas científicas han desempeñado una función esencial en la construcción de nuestras disciplinas. Han permitido producir, validar, ordenar y acumular conocimiento, establecer debates y reconocer la aportación de investigadores e investigadoras, así como de grupos y centros de investigación. También se han convertido, inevitablemente e incluso de forma desproporcionada, en piezas centrales de las carreras académicas.

Pero el ecosistema comunicativo está experimentando transformaciones cuya velocidad hace cada vez más difícil comprender el presente sin preguntarnos simultáneamente por sus consecuencias futuras. Inteligencia artificial, automatización, plataformas digitales, nuevos modelos de consumo, transformación de las profesiones comunicativas o cambios en los sistemas educativos, son fenómenos que no solo describen nuestro presente, sino que están configurando y cambiando el escenario en el que trabajaremos dentro de diez, quince o veinte años.

Y quizá aquí exista un espacio todavía insuficientemente explorado por nuestras revistas de comunicación: el de la anticipación. Algo que no ocurre en otras disciplinas científicas que diseñan sus trabajos y presentan muchas de las revistas de su campo como verdaderas plataformas de innovación y anticipación de los cambios que pueden producirse. La prospectiva no consiste en adivinar el futuro. No pretende determinar qué sucederá, sino explorar futuros posibles, identificar tendencias e incertidumbres y analizar las consecuencias que pueden tener las decisiones que tomamos hoy.

De hecho, la Unión Europea ha incorporado progresivamente esta perspectiva mediante el Strategic Foresight, y España cuenta desde 2020 con una Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia. La idea parece que comienza a implantarse también institucionalmente, asumiendo que determinadas decisiones políticas necesitan horizontes temporales que exceden ampliamente una legislatura o un ciclo de gobierno de corto plazo.

Si esto resulta necesario para las políticas públicas, ¿por qué no debería serlo también para la investigación en comunicación que se relaciona con casi todos los ámbitos de estas políticas públicas? 

De archivos del conocimiento a laboratorios de futuro

Las revistas de comunicación no deberían abandonar su función tradicional. Pero quizá puedan añadir otras. Junto a investigaciones que expliquen qué ha sucedido, podrían fortalecer igualmente su potencialidad para explorar escenarios, detectar señales emergentes, analizar tendencias, identificar riesgos y discutir futuros alternativos. No se trataría de sustituir la investigación científica por la futurología, sino de ampliar la pregunta. No solo ¿qué está ocurriendo?, sino también ¿qué puede ocurrir? y, sobre todo, ¿qué futuro estamos contribuyendo a construir con las decisiones que tomamos en el presente en el campo de la comunicación?

Incluso cuando determinados escenarios negativos parecen muy plausibles, anticiparlos no debería conducir a la resignación, sino a intervenir sobre el presente para modificar su trayectoria. Esto es lo que defiende el filósofo español Jorge Riechmann, cuando utiliza reiteradamente la expresión “fracasar mejor” para que no confundamos la posibilidad del fracaso con la justificación de la inacción. Quizá esa sea también una nueva responsabilidad para las revistas de comunicación, no limitarse a explicar el mundo que ya existe, sino convertirse en espacios donde podamos imaginar, discutir y confrontar los mundos que todavía pueden existir. No para predecir el futuro, sino para llegar a él con más herramientas para transformarlo.

Singularmente algunos pasos se van dando y, por ejemplo, en el Grado de Periodismo de la Universidad de Sevilla impartiremos, por primera vez en el curso 2026-2027, una asignatura obligatoria denominada “Estudios del futuro de la comunicación”. Las revistas de comunicación deberían constituir gran parte de su corpus de pensamiento, en la medida en que deberían ser una de las herramientas principales con las que trabajen profesionales, profesores y estudiantes del campo de la comunicación y las ciencias sociales, no sólo para validar líneas de trabajo o ejemplificar teorías sino para proporcionarles herramientas para pensar en escenarios que todavía no existen. Si lo conseguimos, fracasaremos mejor, sin duda, en nuestro uso de la comunicación.

Citación recomendada: Moreno Domínguez, J.M. (2026). Las revistas de comunicación como laboratorios de futuro. Indexfera 1, e1. https://doi.org/10.5281/zenodo.22815050

El autor

José Manuel Moreno Domínguez trabaja como consultor de comunicación estratégica y es Profesor Asociado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, donde imparte las asignaturas de Gabinetes de Comunicación y Comunicación para el Desarrollo. Ha sido miembro fundador y forma parte del Grupo de Estudios Interdisciplinarios en Comunicación, Política y Cambio Social (COMPOLITICAS). Desde 2024 es el director de IC Revista Científica de Información y Comunicación.

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