Manuel Gertrudix Barrio | manuel.gertrudix@urjc.es
Universidad Rey Juan Carlos, España
El diamante es el material más duro que existe. Resiste la presión, conduce el calor, no se desgasta. Pero ni siquiera él es autosuficiente. Requiere una estructura que lo sostenga, un engaste que lo fije. Sin ese armazón, su dureza es irrelevante. El acceso abierto diamante comparte algo más que el nombre con el mineral. Ha mostrado dureza, pues lleva más de dos décadas ofreciendo resistencia frente a un perverso sistema de comercialización de la Ciencia. Las comunidades que sostienen sus revistas muestran una tenacidad extraordinaria. Y su capacidad de transmitir conocimiento sin barreras es una forma real de conductividad. Pero carece de lo esencial: una estructura de financiación que lo sostenga. Y quienes afanosamente engastan las piezas de este modelo, los diamantistas, trabajan tan absortos en el brillo de la gema en bruto que aún no han mirado fuera del taller, donde el vacío de la financiación estructural sigue sin resolverse.
Mucha arquitectura, poca cimentación
Nunca ha habido tanta arquitectura institucional para impulsar el movimiento diamante. Tenemos el estándar DOAS del proyecto DIAMAS, el European Diamond Capacity Hub, la Declaración de Toluca-Ciudad del Cabo, la Recomendación de la UNESCO sobre Ciencia Abierta, los proyectos CRAFT-OA y ALMASI. Y sin embargo, la base estructural sigue sin armarse. Ninguno de estos marcos incluye líneas de financiación directa para las revistas. Ofrecen estándares, herramientas de autoevaluación y guías de buenas prácticas, pero no resuelven cómo se financian y se hacen sostenibles. El DOAS pide a los editores que tengan un plan de sostenibilidad y transparenten sus fuentes de ingresos, pero no les proporciona esos ingresos. Las fuentes reales de apoyo siguen siendo contribuciones en especie y el voluntariado. Hay un punto de ingenuidad, o de delegada intencionalidad, si se piensa que, sin una estructura profesional y financiera adecuada, se pueda competir con modelos editoriales comerciales altamente profesionalizados. Y, lo más importante, que esto sea sostenible en el tiempo. El modelo está ocultando costes reales que pequeños equipos sin remuneración soportan, y mientras no se reconozca que eso no es sostenibilidad sino fragilidad disfrazada de vocación, tendremos un elefante en la habitación al que todo el mundo rodea con estándares y declaraciones, pero al que nadie alimenta.
El DOAS es valioso sin duda, pues define criterios de calidad y ofrece herramientas de autoevaluación rigurosas para señalar un camino de excelencia. Pero cumplirlo implica metadatos de calidad, flujos XML, preservación a largo plazo, políticas documentadas, interoperabilidad…. Ningún equipo editorial diamante estará en contra de esos objetivos; al contrario. La realidad, sin embargo, es que exigen una profesionalización que cuesta un dinero que, en la mayoría de los casos, no existe. Establecer el estándar sin financiar su cumplimiento es como redactar un exigente código de edificación que nadie ha presupuestado para construir.

Imagen 1. Tensiones entre lo que exige y lo que se ofrece. Fuentes: OA Diamond Journals Study · DIAMAS / DOAS · The Scholarly Kitchen
Cuando el diamante se pierde
Y la realidad es tozuda. Cuando una revista cierra, y vaya que si cierran, o se vende, y vaya que si se venden, no solo desaparece una revista, sino que se pierde un conocimiento editorial experto, construido durante años, que es casi imposible de reconstruir. Descapitalizamos, silenciosamente, la inteligencia del sistema. Como escribía hace días Curt Rice en The Scholarly Kitchen, el diamond «necesita instituciones, no héroes». La sostenibilidad de la revistas diamante debe ser un problema de diseño institucional, no una cuestión de voluntad individual.
¿Quién paga al tallador?
El DOAS nos dice exactamente cómo debe ser el diamante tallado. Lo que no nos dice es quién paga al tallador. Sin resolver la financiación estructural del trabajo editorial profesional, los estándares acabarán funcionando más como barrera de entrada que como palanca de mejora. Es hora de que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la FECYT, ANECA y las propias universidades articulen, de una vez, una política coordinada que traduzca los estándares en acciones concretas mediante líneas de financiación estables, suficientes y reales para un sistema ambicioso de publicación diamante.
Ya tenemos el mapa. Ya tenemos los estándares. Ha llegado el momento de que alguien ponga los recursos sobre la mesa. Si queremos que brille el diamante, no podemos tener una financiación de hojalata.
El autor

Manuel Gertrudix es Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad Rey Juan Carlos, coordinador del grupo de investigación Ciberimaginario y director del XRCOMLAB. Como coeditor de la revista científica Icono14, publicación diamante open access con más de dos décadas de trayectoria, tiene un compromiso activo con la ciencia abierta, la cultura libre y la democratización del conocimiento.













Deja un comentario