Pedro Pérez Cuadrado | pedro.perez@urjc.es
Universidad Rey Juan Carlos, España
Igual que aprendimos a confiar en realidades abstractas que nosotros mismos creamos, la religión, el dinero, los imperios, las empresas —Yuval Harari dixit—, y con las que convivimos a diario y conviene llevarse bien, lo de las revistas científicas es otro artificio a nivel mundial que trata de convertirse en observatorio y medio de divulgación de cuantas investigaciones, logros, adelantos y descubrimientos hacemos. Y, de paso, en moneda de cambio que funciona a diferente velocidad —y con diferentes resultados— en un único sentido.
Planteémoslo como un problema matemático de aquellos que nos abrumaban (al menos a los torpes como yo) cuyo enunciado rezaba: un tren sale de Zaragoza a las 21:30 horas con dirección a Barcelona a una velocidad media de 100 kilómetros por hora; y otro tren sale de Madrid con dirección también a Barcelona a las 21:00 horas a una velocidad media de 250 kilómetros por hora. Conociendo que la distancia entre Zaragoza y Barcelona es de 255 kilómetros, y entre Madrid y Barcelona es de 500 kilómetros, ¿en qué punto kilométrico adelantará el segundo convoy al primero?
Ahora cambiamos los trenes por revistas, los puntos de origen por año de creación de la revista y la meta por uno de esos rankings estructurados en cuartiles que configuran métricas diferentes y no siempre de explicación sencilla. Nos faltaría la velocidad. ¿De qué depende? De tantas cosas… pero fundamentalmente de la calidad de lo publicado, y eso se considera en una moneda que se denomina «cita». ¿A mayor número de citas, mayor calidad?
Queda meridianamente claro que nos lo hemos inventado, ¿no? Pero es lo que tenemos, nos guste o no. Y ahí andamos todos. Hemos consensuado, de alguna manera, que nos parece lo más justo. Entre medias está lo de la revisión ciega por pares que viene a ser —por seguir con el símil ferroviario— como una parte muy importante de la infraestructura necesaria; como el soporte —ayer papel y hoy prácticamente todas digitales y en línea—, como los editores, como los maquetadores, como los correctores… y, si falla uno de los engranajes, el tren ni tan siquiera arranca.
Sucede a veces que todo ese tinglado funciona y la revista consigue cada vez más citas, y los autores se ufanan encantados por lo que supone para ellos. Otras veces, no tanto. Pero insistimos —autores y revistas— porque, hoy en día, parece la única manera de prosperar en el escalafón académico. Es decir, unos y otras creamos, subvencionamos, organizamos y mantenemos el sistema para que luego agencias externas clasifiquen a unas en una liga particular y permitan a otros aspirar a categorías docentes más altas y mejor remuneradas, cuando ello es posible.
Así que no hay otra. Como dice mi colega y amigo Mario F. Benito, lo de publicar se resume en alimentar al monstruo sin descanso; lo de la calidad, la excelencia, las citas… —y esto lo digo yo— no deja de ser una realidad abstracta que contempla tantos factores que no siempre somos capaces de acotar. Y en ello andamos.

Pedro Pérez Cuadrado, profesor titular de la Universidad Rey Juan Carlos entre 2007 y 2018, fue fundador de la revista index.comunicación en 2011, profesor adjunto de la Universidad CEU San Pablo (1995-2007), profesor asociado en la Universidad Complutense (1995-2003) y profesional del Periodismo en medios impresos regionales y nacionales durante más de veinte años. Especializado en Diseño de la Información, su obra publicada gira alrededor de los proyectos en los que participó directamente.









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